Cómo legitimar el enfado para resolver el conflicto.

Introducción.

Legitimar el enfado no es sencillo. Depende de múltiples factores, pero sobretodo, de cómo nos sentimos y cómo nos afecta la situación y el entorno. Porque muchas veces queremos. Pero no siempre podemos.

Quizás la clave está en lo que siempre se nos ha dicho: “cuenta hasta 10”. Un sencillo pero a la vez complicado ejercicio que, aplicado al proceso de mediación, puede suponer la diferencia entre resolver el conflicto o sufrir una ruptura irreconciliable.

¿Cómo te expresas?

Es totalmente natural en el ser humano que nuestra manera de ser y nuestro entorno provoquen diferencias de opinión, criterios y valores, y también que hagamos las cosas de manera distinta. Es la base de toda relación, y nos permite legitimar el enfado (es decir, reconocer el derecho a enfadarse), porque aceptamos que no siempre tenemos razón, que nos equivocamos y que el daño que provocamos se puede reponer sin ir a más.

Pero también es natural el hecho de que, por múltiples razones y circunstancias, más veces de las que quisiéramos no podemos controlarnos y perdemos los papeles, pasando de una contradicción a un enfado y de ahí a la ruptura de la comunicación e incluso de las relaciones.

Cuando expresas con demasiada fuerza, pasión o enfado tu molestia, dolor o miedo (y algunas veces incluso manifestaciones de alegría), en determinadas situaciones puede suceder que la persona con quien hablas no pueda legitimar tu enfado y no tenga en cuenta tu necesidad y pierdas la oportunidad de llegar a un acuerdo.

Los beneficios de contar hasta diez.

Debo reconocer que éste es un tema demasiado apasionante para recoger la gran cantidad de situaciones que pueden producirse y la forma de resolverlas. Pero me váis a permitir que recuerde aquí lo que tanto nos decían y no entendíamos por qué, y sin embargo tiene su sentido y su efecto positivo: 

“cuando te enfades cuenta hasta diez, cierra los ojos y empecemos de nuevo”.

Una frase coloquial, de las de toda la vida, y que si nos paramos a analizar es un buen sistema que, de manera muy sencilla, nos indica los beneficios de contar hasta 10 cuando nos enfadamos. Es decir: qué sucede desde que te enfadas, sientes que estar a punto de explotar y empiezas a contar:  

  1.  Te acuerdas de respirar correctamente: inspiras con el diafragma, expiras por la nariz.
  2. Recuperas el ritmo cardíaco, el torrente sanguíneo vuelve a circular con normalidad y tus músculos se relajan.
  3. Tomas el control de tus emociones y el impulso agresivo desaparece.
  4. Bajas el tono de voz y la velocidad de la dicción.
  5. Piensas sin ofuscación y buscas alternativas para resolver las diferencias.
  6. Recuperas el clima de la comunicación y logras transmitir tu mensaje.
  7. Superas la barrera del NO y conectas con los intereses de la otra parte.
  8. Se establece la empatía y la asertividad entre las dos partes.
  9. Se inicia el proceso negociador, se encuentran soluciones y se cierra el acuerdo.
  10. Satisfacción por controlar la emoción, finalizar la disputa y restaurar las relaciones.

Con este decálogo, comprobamos que lo que parece una simpática frase, realmente muestra las fases por las que pasa nuestra mente, nuestro cuerpo y nuestras emociones cuando nos enfadamos, con consecuencias directas en nuestro metabolismo, en el control de nuestras emociones, dificulta la interpretación del mensaje que damos y que percibimos, y nos impide ver la solución del conflicto.

El Enfado desde la descodificación biológica.

Según Ángeles Wolder, cuando se juntan dos conflictos, el de identidad del lugar que ocupa una persona en su entorno (cómo se siente considerado), y el conflicto de cualquier situación discordante, la suma de ambos lleva a la persona a una situación extrema donde dominan sus situaciones violentas. Superar esto no depende tanto de su voluntad, sino que depende de que sea capaz de darse cuenta de la experiencia o no.

El enfado, el bloqueo y el proceso de mediación.

En la mayoría de los casos, es natural y perfectamente lógico que cuando empieza el proceso de mediación, el punto de partida de las partes sea un estado emocional de enfado que bloquea la negociación y dificulta la solución al conflicto. Para evitar esta situación hay que LEGITIMAR EL ENFADO, es decir, aceptarlo como un estado de ánimo al que tenemos derecho, pero que debemos controlar para bajar su intensidad, mejorar su expresión e incluso que desaparezca por completo.

Los mediadores deben poner en práctica técnicas de comunicación verbal y no verbal para lograrlo, desbloquear el proceso y que ambas partes puedan finalizarlo de la mejor manera. Pero también para que no les afecte a ellos directamente, y puedan mantener la neutralidad y la imparcialidad sin tomar partido ni por la causa, ni por las consecuencias, ni por cómo les afectan a las partes en lo positivo o negativo.

Para terminar, no olvidemos que cuando tomamos una decisión o aceptamos un acuerdo estando enfadados, en la mayoría de los casos nos arrepentimos. Porque cuando nos tranquilizamos racionalizamos lo sucedido, y nos damos cuenta de que hemos tomado la decisión equivocada. En un proceso de mediación, esta situación implica un acuerdo que no durará en el tiempo y/o que no se cumplirá, y por lo tanto, hay un riesgo considerable de que el conflicto se repita.

Conclusión.

Recuerda: tienes todo el derecho de estar enfadado, pero también tener tranquilidad emocional y claridad mental con las que encontrar la solución. Tu tranquilidad y el/la Mediador/a son tus mejores aliados para finalizar el conflicto.

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